François-Auguste-René Rodin amante apasionado por las manos, guardaba centenares de ellas en sus cajones; manos sueltas modeladas por él mismo en las más diversas actitudes, y manos ajenas, fragmentos de antiguas estatuas.
Sir Gerald Kelly, amigo: «no tiraba ni una sola… las guardaba en cajones muy planos … que había que abrir con mucho cuidado para que no se quedaran pilladas. En los cajones estaban esas pequeñas manos que tanto me gustaba mirar. Rodin me las enseñaba y escogíamos una o dos entre las mejores. Recuerdo como, con las manitas en sus manos, me decía sonriendo: “¡qué bonitas son!”».
Algunas veces las copiaba para sus esculturas, otras se las daba a alguno de sus ayudantes para que sirvieran de modelo para alguna de las obras en la que estaba trabajando, y no le preocupaba repetir una mano para completar alguna de sus esculturas.